Revocatorio contra la Dictadura



Desde el 5 de enero de 2016, fecha en la que asumieron sus curules los diputados electos el pasado 6 de diciembre de 2015 en las elecciones parlamentarias, los demás órganos del Poder Público, con la franca complicidad de las Fuerzas Armadas, han reincidido en el desconocimiento sistemático del Poder Legislativo, lo que es exactamente igual que afirmar que desconocen la Constitución y la voluntad soberana de la mayoría del pueblo. Dicho de otro modo, el gobierno ha destruido todos los puentes y se ha aislado por completo de la realidad jurídica, política, social y económica del país. 

Los detentadores del poder no sólo desoyen la voz del pueblo, sino que procuran por todos los medios silenciarla. Su posición es inamovible: no admiten su fracaso, no reconocen a la oposición, no aceptan sugerencias, no quieren rectificar, no están dispuestos al diálogo, no se someten a la Constitución, no acatan la Ley, no respetan al pueblo. El régimen exhibe sin ambages su contumacia y su carácter indiscutiblemente autocrático. No puede disfrazarse con eufemismos su desnudez. El régimen que preside Nicolás Maduro, sin legitimidad de origen ni adquirida, es una dictadura. Y como tal, ha quedado en evidencia que su único propósito es mantenerse en el poder.

Los magistrados de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia se han esmerado en toda clase de rebuscamientos para declarar la inconstitucionalidad de leyes sancionadas por la Asamblea Nacional, e inclusive, anticipadamente, de proyectos de ley en discusión, en sentencias ajenas a todo criterio jurídico.

Los rectores del Consejo Nacional Electoral entorpecen, una y otra vez, de varias y distintas maneras, el proceso del referendo revocatorio, modificando normas, restringiendo o prolongando lapsos, e improvisando reglas de último momento.

Esos monstruos verdes con botas y fusiles que llaman fuerza armada bolivariana, guardia nacional y milicia, amedrentan, atacan, encarcelan, disparan y destruyen todos los derechos y libertades que encuentran a su paso, y multiplican su prontuario con delitos comunes y crímenes de lesa humanidad.

Colgando de un alambre queda un mamotreto, sin oficio ni beneficio, que nadie nombra, porque nadie recuerda que existe, llamado poder moral, acerca del cual no merece la pena decir nada, puesto que nada es.

Siendo este el panorama, debemos redoblar los esfuerzos y superar todos los obstáculos con el fin de lograr la realización del referendo revocatorio, que es el primer paso en este largo y tortuoso camino hacia la democracia.

¡Venciendo miedos y derribando imposibles! 


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Liliana Fasciani M.

Profesora de Filosofía del Derecho y de Teoría Política en la Universidad Católica Andrés Bello.

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