El momento de la oposición (IV parte)

MANIFIESTO CONTRA LA MUERTE INÚTIL

Acuarela by Tony Istillarte

¿No quieren diálogo? ¿Están indignados porque se suspendió el revocatorio y la comparecencia del espurio extranjero y el proceso de su responsabilidad política y las elecciones regionales y la marcha a Miraflores y todo lo que se ha suspendido y reculado en 17 años? ¿Están decepcionados de la MUD? ¿Ya no quieren saber nada de los dirigentes políticos que andan adelante y atrás, ni de sus partidos? ¿Ya no necesitan ningún líder? ¿Quieren marchar hasta Miraflores? ¿No necesitan a nadie que los lleve y los traiga? ¿Se bastan solitos, porque son muchísimos? ¿No tienen miedo? ¿Están seguros de que podrán pasar de Chacaíto? ¿Están dispuestos a rebasar multitudinariamente las tropas de robocops de la GN, la PNB, los colectivos y cuanto monstruo armado y desalmado se les atraviese? ¿Están listos para ser correteados, golpeados, gaseados, perdigoneados, tiroteados, arrestados y hasta asesinados? ¿Piensan que serán suficientes pertrechos banderas, pancartas y vuvuzelas? ¿Van a entregar un documento en el que solicitan respetuosamente, señor Nicolás, su renuncia inmediata, o van a a pedirle a viva voz que restablezca el hilo, el cable, el alambre, el mecate, la güaya, el cordoncito umbilical de la Constitución? ¿Están en serio, responsablemente, inquebrantablemente, indoblegablemente resteados con el país, con la democracia y con la Constitución? ¿Están conscientes de quiénes los esperan, de con qué los esperan y para qué los esperan? 

¡Arránquense, pues! 

Si sienten que la necesidad de libertad y de justicia es asfixiante, si piensan que su determinación es lo bastante firme, si están bien resueltos, si a nada temen tanto como a esta dictadura criminal, porque no hay diferencia entre morir luchando y luchar hasta morir, que Dios y la Virgen los acompañen y protejan. 

Los que no iremos con ustedes porque no estamos dispuestos a ser carne de cañón, porque no nos sentimos tan fuertes, ni somos tan valientes, ni nos sirve una bandera por pertrecho, ni pensamos que una lucha desigual valga el esfuerzo, ni creemos en sacrificios humanos, oraremos con fervor porque no los repriman, porque no los maten. 

Quizá los años, las experiencias y los trancazos han mellado mi espíritu rebelde y combativo; quizá me he acobardado, y como es vergonzoso que lo admita, llamo prudencia al miedo; quizá de tanto leer libros de Historia me he dejado convencer por los vencidos de lo poco que sirve dar la vida por la patria, que para mi es igual que obsequiarle muertos al tirano para que baile salsa encima de sus cadáveres. Quizá la verdad es que no soy tan patriota, o dicho de una vez, que no lo soy y punto. Lo que sí soy es ciudadana de mi país, que es distinto, según como lo entiendo. Y mi país me exige que ejerza esa ciudadanía con el uso de la razón, con las herramientas de la política y del Derecho. La patria, en cambio, necesita el fuego de las armas y la sangre de los soldados para existir. Yo no soy soldado, soy ciudadana cívica y civil, y no me excuso por la redundancia. 

Si van a ir, vayan con Dios; si no van, cada nuevo día es una oportunidad para cambiar un poco cada vez lo que pensamos que debe cambiarse.

Liliana Fasciani M.

Caracas, 2 de noviembre de 2016
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Liliana Fasciani M.

Profesora de Filosofía del Derecho y de Teoría Política en la Universidad Católica Andrés Bello.

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